Una de las causas más frecuentes del lagrimeo persistente, es la obstrucción congénita del conducto nasolagrimal, el cual es un bloqueo parcial o completo en el conducto que transporta las lagrimas desde la superficie del ojo hasta la nariz.
Si tu bebé presenta este cuadro, debes consultar con tu pediatra de cabecera para confirmar el diagnóstico y realizar un tratamiento y seguimiento adecuado.

Ojos




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