Se desconoce cuál es la causa exacta, y se observa con menor frecuencia en los bebés alimentados con lactancia materna.
Para su manejo el primer paso es acudir al pediatra para hacer una exploración y descartar posibles causas del llanto que no sean fisiológicas o normales. otras pautas son comprobar que el bebé no tiene hambre, ha expulsado los gases y no tiene el pañal mojado. Se recomienda tomar al bebé en brazos para reconfortarlo, buscando la posición en la que se encuentre más tranquilo (boca arriba o abajo, horizontal o vertical, con los brazos o sobre su pecho, etc.) intentando transmitirle tranquilidad.El bebé siente cerca a su mamá, recibe su calor, regula su temperatura y su respiración, escucha su voz, y su corazón.
un baño de agua caliente también puede ser muy reconfortante.
Algunas alertas sobre posible enfermedad orgánica (llanto excesivo secundario) serían las siguientes: ausencia del ritmo diurno, persistencia más allá de los cuatro meses, llanto “extremo” de tono agudo, historia de fiebre, examen físico alterado, ingestión de drogas por parte de la madre, historia familiar de migraña, signos y síntomas comprobados de enfermedad por reflujo gastroesofágico.

Cólicos en el lactante




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